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"El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mi me recibe."

Bienvenido a Misión Guadalupe

Misión Católica de Montreal Nuestra Señora de Guadalupe

Nuestra Comunidad, perteneciente a la Arquidiócesis de Montreal, fundada hace más de 30 años como Misión, estuvo y está presente como Iglesia, administrando y distribuyendo la gracia de Dios y, en especial, la fe, la esperanza, y la caridad.

Fue creada con el fin de atender pastoralmente a inmigrantes latinoamericanos que habitan en la gran región de Montreal y sus alrededores.

Mas conocida como “Misión Católica Latinoamericana de Montreal Nuestra Señora de Guadalupe” o “Misión Guadalupe”, procuramos ayudar a los inmigrantes latinos en su inserción en esta sociedad de acogida, donde vivimos nuestra fe “en Español”, tanto en la catequesis, en nuestros grupos, nuestras fiestas patronales (de cada país) y en todas nuestra liturgias… esto, para que todos y todas pueden tener una cercanía con Dios a través de su Palabra y de una comunidad cristiana católica, viva y acogedora.

Todo esto constituye un motivo más para agradecer a nuestra Santa Patrona, la Virgen de Guadalupe y poner nuestro corazón a su maternal cuidado.

Te esperamos para compartir la buena nueva de Cristo en familia y comunidad.

Homenaje a la Virgen de Guadalupe

diciembre 12, 2016 7:00 pm

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Evangelio según San Mateo 3,1-12. En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible". Reflexión: Hoy, el Evangelio de san Mateo nos presenta a Juan el Bautista invitándonos a la conversión: «Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos». A él acudían muchas personas buscando bautizarse y «confesando sus pecados». Pero dentro de tanta gente, Juan pone la mirada en algunos en particular, los fariseos y saduceos, tan necesitados de conversión como obstinados en negar tal necesidad. A ellos se dirigen las palabras del Bautista: «Den fruto digno de conversión». Habiendo ya comenzado el tiempo de Adviento, tiempo de gozosa espera, nos encontramos con la exhortación de Juan, que nos hace comprender que esta espera no se identifica con el “quietismo”, ni se arriesga a pensar que ya estamos salvados por ser cristianos. Esta espera es la búsqueda dinámica de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que vino, viene y vendrá. El tiempo de Adviento, en definitiva, es «conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (San Juan Pablo II). Aprovechemos, este tiempo oportuno que nos regala el Señor para renovar nuestra opción por Jesucristo, quitando de nuestro corazón y de nuestra vida todo lo que no nos permita recibirlo adecuadamente. La voz del Bautista sigue resonando en el desierto de nuestros días: «Preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos».

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Invita a la Fiesta Patronal, el Domingo 11 de Diciembre a la 1:00 p.m. en el 1969 Ontario Est. Esq. De Bordeaux, Mtl. Qué. Metro Frontenac Autobús 125 Oeste y Metro Papineau autobús 45 y 10 Norte. Después habrá un acto Cultural en el sótano de nuestra Iglesia. El Lunes 12 de Diciembre tendremos las mañanitas a la Virgen a las 6:00 a.m.( Mariachis, Rosario y chocolatada). A las 7:00 p.m. será la Misa y después un Homenaje a la Virgen. Sean Bienvenidos

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Evangelio según San Mateo 9,27-31. Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: "Ten piedad de nosotros, Hijo de David". Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: "¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?". Ellos le respondieron: "Sí, Señor". Jesús les tocó los ojos, diciendo: "Que suceda como ustedes han creído". Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: "¡Cuidado! Que nadie lo sepa". Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región. Reflexión: Hoy, en este primer viernes de Adviento, el Evangelio nos presenta tres personajes: Jesús en el centro de la escena, y dos ciegos que se le acercan llenos de fe y con el corazón esperanzado. Habían oído hablar de Él, de su ternura para con los enfermos y de su poder. Estos trazos le identificaban como el Mesías. ¿Quién mejor que Él podría hacerse cargo de su desgracia? Los dos ciegos hacen piña y, en comunidad, se dirigen ambos hacia Jesús. Al unísono realizan una plegaria de petición al Enviado de Dios, al Mesías, a quien nombran con el título de “Hijo de David”. Quieren, con su plegaria, provocar la compasión de Jesús: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Jesús interpela su fe: «¿Creén que puedo hacer eso?». Si ellos se han acercado al Enviado de Dios es precisamente porque creen en Él. A una sola voz hacen una bella profesión de fe, respondiendo: «Sí, Señor» Y Jesús concede la vista a aquellos que ya veían por la fe. En efecto, creer es ver con los ojos de nuestro interior. Este tiempo de Adviento es el adecuado, también para nosotros, para buscar a Jesús con un gran deseo, como los dos ciegos, haciendo comunidad, haciendo Iglesia. Con la Iglesia proclamamos en el Espíritu Santo: «Ven, Señor Jesús». Jesús viene con su poder de abrir completamente los ojos de nuestro corazón, y hacer que veamos, que creamos. El Adviento es un tiempo fuerte de oración: tiempo para hacer plegaria de petición, y sobre todo, oración de profesión de fe. Tiempo de ver y de creer. Recordemos las palabras del Principito: «Lo esencial sólo se ve con el corazón».

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Misión Católica de Montreal Nuestra Señora de Guadalupe

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